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La historia de Óscar: de vivir en la calle a ‘gerente’ de un asadero en Caldas, Antioquia

Óscar Suárez se encarga de la limpieza y la atención de los comensales. Su “toque de sazón” es la gentileza y el servicio.

  • Óscar, con 69 años de edad, es más vital que muchos. Su trabajo se distingue por la cordialidad y la buena atención. FOTO Julio César Herrera.
    Óscar, con 69 años de edad, es más vital que muchos. Su trabajo se distingue por la cordialidad y la buena atención. FOTO Julio César Herrera.
  • Desde muy temprano, Óscar empieza labores. A veces atizando el carbón, ubicando las mesas y las sillas y limpiando para recibir a los comensales. FOTO Julio César Herrera.
    Desde muy temprano, Óscar empieza labores. A veces atizando el carbón, ubicando las mesas y las sillas y limpiando para recibir a los comensales. FOTO Julio César Herrera.
hace 16 horas
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De aquí para allá, pendiente y sonriente, con buzo, gorra y un radiecito que carga consigo, don Óscar atiende a quienes van llegando a los Asados XL de Sam en la variante de Caldas, justo al lado de la cancha El Revenidero. La disposición y el servicio se notan en sus acciones cuando uno o varios visitantes lo requieren: si hay que limpiar mesas, mover sillas, recoger basuras o hasta ir a comprar un producto que se necesite, ahí está él. Disfruta su trabajo como nadie, como la mejor oportunidad de su vida después de tanto sufrimiento tras vivir y dormir en las calles.

Óscar Suárez Acosta tiene 69 años, nació en Támesis, municipio ubicado en el Suroeste antioqueño. Poco después de cumplir los 30 se fue con su familia a Venezuela. Allá las oportunidades de trabajo fueron un poco más consistentes, no lo suficientemente estables como para decir que vivió a sus anchas, pero por un tiempo hubo algo qué hacer. Después, la situación, producto de toda la crisis en ese país, se complicó. En 2015 regresó a su tierra natal, quería volver a su origen, a su casa, conectarse de nuevo con el territorio que lo vio nacer y buscar mejores vientos.

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No obstante, las cosas no salieron de la mejor manera. Óscar “pelusiaba” cualquier cosita, su actividad constante era el rebusque, lograr lo mínimo así fuera para comer y aguantar el diario. Al tiempo, una persona a la que él recuerda con gran aprecio, le tendió la mano y le permitió laborar como celador, pero la pandemia golpeó a todos, incluyéndolo, y la estabilidad que buscaba, una vez más, se le hizo esquiva.

Durante esa época, entre el pan de un día y el hambre del siguiente, dormía en la calle. Unas veces por el parque principal de Caldas, otras por los lados de la Casa de la Cultura del municipio y así. Acepta que le gusta el aguardiente, el antioqueño más que todo, pero con determinación asegura que la droga nunca fue lo suyo, no se dejó consumir por ella a pesar de todas las cosas que experimentó.

“Yo me dije a mí mismo que no me podía tirar a la droga, a los vicios, y claro, yo dormía en la calle y tomaba aguardientico, todavía lo hago (risas), pero hasta ahí, nada de andar en malos pasos y convertirme en alguien malo. A veces las personas lo ven a uno por ahí y creen que no tenemos derecho a buscar mejores cosas, y no es así, yo me quería organizar”, dijo don Óscar.

Desde muy temprano, Óscar empieza labores. A veces atizando el carbón, ubicando las mesas y las sillas y limpiando para recibir a los comensales. FOTO Julio César Herrera.
Desde muy temprano, Óscar empieza labores. A veces atizando el carbón, ubicando las mesas y las sillas y limpiando para recibir a los comensales. FOTO Julio César Herrera.

Su gusto por caminar lo llevó a múltiples lugares en Antioquia, y muchas noches las pasó a la intemperie aún con la esperanza de cambiar ese panorama tan desolador. Fue un día, a mediados de noviembre del año pasado, cuando don Óscar estaba a un costado de la cancha El Revenidero y vio que varias personas llegaron a armar carpas, como para empezar a vender algo, y lo primero que se le ocurrió fue ponerse a disposición. Les sugirió que si podía ayudar con lo que fuera, lo que necesitaran, petición que fue aceptada con un “sí” por el hombre que le ayudaría a mejorar su calidad de vida.

Desde ese momento, el tamesino empezó a trabajar en los Asados XL de Sam, convirtiéndose en el corazón del negocio y el alma del lugar haciendo lo que mejor sabe hacer: servir a la gente, aproximarse con la mejor actitud y preguntar si están bien o les hace falta algo, si lo que se comieron les gustó y quedaron satisfechos.

De lunes a domingo, sin falta, es de los primeros que llega, incluso antes de abrir al público. Se ubica allí porque le encanta lo que hace, disfruta su momento de gloria y compensa con trabajo y obediencia la oportunidad que le dieron.

“No tengo cómo agradecerle al señor Sam todo lo que hizo y sigue haciendo por mí, o bueno, sí se lo retribuyo siendo responsable. A él todas las bendiciones por la confianza que me da, en serio que es un gran cambio en mi vida, lo estoy aprovechando y me manejo muy bien”, agregó.

El hombre que confió en Óscar

Le dicen Sam, pero su nombre es Santiago Morales Ospina, un comunicador audiovisual nacido en Caldas, Antioquia, apasionado por apoyar emprendimientos y destacar lo que la gente, con esfuerzo, se ingenia para progresar.

Después de 5 años de iniciar con esta labor decidió montar su propio negocio, al que bautizó como los Asados XL. El término hace alusión a las carnes de gran tamaño que venden en el lugar, el producto insignia que apenas en un mes y medio de funcionamiento tiene enamorados a cientos de caldenses y a otros habitantes de más municipios que los visitaron en diciembre. Sam reconoce que tocar puertas no es fácil y a la gente se le dificulta abrirlas, y es por eso que desde un primer momento confío en don Óscar, pues su instinto le dio señales de que era una gran persona con un corazón noble.

“Él es un gran ser humano. Personalmente me recuerda a ese típico abuelo antioqueño, con ganas de trabajar, dedicado y muy atento con los demás. Yo era muy niño cuando mis abuelos fallecieron, entonces tenerlo a él aquí es como ver la viva imagen de ellos, y eso me da mucha alegría”, precisó.

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Don Óscar no es el único a quien Santiago le brindó una oportunidad laboral. La mayoría de los colaboradores en el puesto de asados son jóvenes entre los 18 y los 20 años que, a la par de trabajar, estudian y continúan formándose profesionalmente.

Todos los días, desde las 4:00 p.m. hasta las 2:00 a.m., Sam y su equipo atienden a los que, en medio del característico frío caldense, llegan buscando un buen chocolate caliente y una carne asada a la parrilla, la combinación ganadora a la que apostó este emprendedor en el Sur del Valle de Aburrá.

Por su parte, don Óscar dejó de vivir en la calle. Ahora duerme en una pieza en el sector Santa Cruz de Caldas, a unos minutos de su nuevo empleo. Recibe su paga, compra lo que necesita y tiene como meta a corto plazo adquirir un celular, uno que le sirva, por lo menos, para comunicarse con su familia una vez esté más organizado, como dice él: “a lo bien”.

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