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hace 37 minutos
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Caracas no durmió. O, al menos, no después de las dos de la madrugada de este sábado. A esa hora, cuando la ciudad suele quedar suspendida, comenzaron a sentirse explosiones en distintos puntos del área metropolitana. No fue una sola, ni un estruendo aislado: fueron varias detonaciones, lo suficientemente espaciadas como para sembrar la duda, y lo suficientemente fuertes como para disiparla. Algo estaba ocurriendo.

Tres horas más tarde, cuando el cielo empezaba a aclarar y las redes sociales hervían de videos borrosos y mensajes contradictorios, llegó la confirmación desde Washington. Donald Trump publicó un breve mensaje en su red social, Truth, en el que aseguró que se trataba de un “ataque a gran escala” ordenado por él mismo. Prometió ampliar la información a las once de la mañana, pero la noticia ya estaba lanzada al mundo: Estados Unidos había atacado bases militares en Venezuela.

Mientras Caracas intentaba recomponerse del sobresalto, fue el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien aportó los primeros detalles concretos. En una publicación en redes sociales enumeró los lugares que, según su información, habían sido bombardeados. Entre ellos figuraba el Cuartel de la Montaña, en el oeste de la capital, una instalación militar que alberga el mausoleo de Hugo Chávez y que para el chavismo tiene un valor simbólico casi sagrado. En la lista también aparecían el Palacio Federal Legislativo, varios aeropuertos y al menos cuatro bases militares. Petro añadió otro dato: el centro urbano de Caracas se había quedado sin suministro eléctrico.

La oscuridad, literal y política, se extendía por la ciudad cuando comenzó a circular la pregunta que todos repetían, en voz alta o en mensajes cifrados: ¿dónde está Maduro? La respuesta llegó, de nuevo, desde la cuenta de Trump. El presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, habían sido “capturados” y estaban siendo trasladados “fuera del país”. El mensaje, escueto y sin detalles, cayó como una bomba adicional sobre un país ya en shock. Minutos después, la vicepresidenta Delcy Rodríguez reaccionó exigiendo una “prueba de vida” que confirmara que Maduro y Flores no habían sido asesinados durante la operación.

Hasta ese momento, la información oficial que emanaba de Caracas apuntaba en otra dirección. Antes de conocerse la supuesta captura, el Gobierno venezolano había decretado el estado de emergencia y llamado a la población a defender el país mediante la “lucha armada”. En un comunicado difundido por canales oficiales, las autoridades aseguraron que Maduro había firmado y ordenado la implementación de un decreto que declaraba el estado de conmoción exterior en todo el territorio nacional.

El texto, redactado en tono marcial, afirmaba que la medida buscaba “proteger los derechos de la población” y garantizar “el funcionamiento pleno de las instituciones republicanas”, al tiempo que convocaba a pasar “de inmediato a la lucha armada”. “Todo el país debe activarse para derrotar esta agresión imperialista”, añadía la nota, que no precisaba si los bombardeos habían dejado víctimas mortales.

Según ese mismo comunicado, los ataques se habían registrado en localidades de los estados Miranda, Aragua y La Guaira, además de la capital. El Gobierno anunció el “despliegue del comando para la defensa integral de la nación” y atribuyó a Estados Unidos un objetivo claro: apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, “en particular del petróleo y minerales”.

En ese clima de tensión, horas después de las explosiones, apareció en escena Diosdado Cabello. El número dos del chavismo y ministro del Interior difundió un video en el que se le veía recorriendo calles de Caracas con chaleco antibalas, casco y escolta policial. El mensaje era breve, casi tranquilizador: aseguró que estaban “desplegados”, llamó a la calma y pidió confianza para “atravesar esta situación”. La imagen contrastaba con el vacío informativo sobre el paradero del presidente y alimentaba aún más la incertidumbre.

Del lado de la oposición venezolana, fuentes cercanas a sectores opositores en el exilio señalaron a primera hora de la mañana que no harían comentarios inmediatos sobre la agresión militar y que preferían esperar a contar con más información confirmada. La portavocía oficial de María Corina Machado y de Edmundo González Urrutia se limitó a señalar que no existía, por el momento, un pronunciamiento oficial sobre los hechos reportados en Venezuela.

Desde Estados Unidos, Pam Bondi, fiscal General, anunció que Maduro y su esposa Flores fueron imputados en el Distrito Sur de Nueva York. En el caso de Maduro, fue acusado de conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos contra Estados Unidos.

Mientras dentro del país reinaba la confusión, en el exterior se multiplicaban las reacciones. Gustavo Petro condenó la agresión estadounidense, exhortó a “todas las partes involucradas” a contener la escalada y reclamó una reunión urgente de la ONU. El Gobierno colombiano reforzó además la seguridad en la frontera con Venezuela, ante la posibilidad de una llegada masiva de refugiados.

La condena también llegó desde Teherán y La Habana. El régimen iraní y el Gobierno cubano reaccionaron con dureza y exigieron una respuesta “urgente” de la comunidad internacional frente a lo ocurrido. En Chile, el presidente saliente Gabriel Boric expresó su “preocupación y condena” por las acciones militares de Estados Unidos.

En contraste, desde Buenos Aires llegó un mensaje de signo opuesto. El presidente argentino, Javier Milei, celebró el ataque y la captura de Maduro con una publicación escueta en X: “La libertad avanza. Viva la libertad, carajo”. La frase, breve y enfática, sintetizaba la lectura de un sector de gobiernos que veían en los hechos una oportunidad de cambio político en Venezuela.

Rusia, aliado histórico del chavismo, condenó la “agresión militar” de Estados Unidos y llamó al diálogo. En un comunicado, el Kremlin subrayó que, en la situación actual, era crucial evitar una mayor escalada y concentrarse en encontrar una salida negociada.

Desde Europa, las reacciones buscaron un equilibrio difícil. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, publicó un mensaje en el que apeló a “la desescalada y a la responsabilidad”, insistiendo en el respeto al derecho internacional y a la Carta de Naciones Unidas. Aseguró además que tanto la embajada como los consulados de España en Venezuela seguían operativos. El Ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por José Manuel Albares, reforzó ese mensaje con un comunicado en el que instó a la moderación y ofreció los “buenos oficios” de España para una solución pacífica y negociada.

El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, optó por una declaración más contenida. Afirmó seguir “con atención” la situación en Venezuela y evitó referirse de manera directa al ataque estadounidense. Su comunicado se centró en denunciar la “férrea dictadura” que, según dijo, ha sufrido el país y en reclamar una transición democrática bajo el liderazgo de Edmundo González y María Corina Machado.

En el ámbito comunitario, la alta representante de la Unión Europea para Política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas, pidió respeto al derecho internacional y reiteró que, a juicio de la UE, Maduro carece de legitimidad. Tras hablar con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, Kallas evitó mencionar explícitamente los bombardeos y la captura del mandatario venezolano. En un mensaje en redes sociales, recordó que la Unión Europea ha defendido reiteradamente una transición pacífica y llamó a la moderación en todas las circunstancias.

Así, mientras avanzaba la mañana y Trump se preparaba para dar más detalles sobre la operación, Venezuela seguía suspendida en un estado de excepción de facto. Con su presidente capturado y trasladado fuera del país, con llamados oficiales a la lucha armada y con la capital parcialmente a oscuras, el país entraba en un territorio desconocido. La madrugada de las explosiones no solo marcó un hito militar, sino que abrió un capítulo decisivo cuyo desarrollo, como advertían ya algunos gobiernos y analistas, dependerá de lo que ocurra en las próximas horas.

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