Pico y Placa Medellín
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Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co
Hace más de 90 años –mayo de 1934– se realizó en Medellín la segunda Convención Nacional Descentralizadora. Asistieron algunas de las ciudades que en ese momento comenzaban a desarrollarse en el país. En ella estaban representados “el corazón y el cerebro de la patria, palpitaba la vida colombiana”, como exclamó en su discurso inaugural el jurista antioqueño Libardo López, uno de los sostenes de la candidatura presidencial de Olaya Herrera en 1930. Fue un discurso profundo, de gran contenido filosófico y económico, en el que manifestaba el justo anhelo de descentralización que se agitaba en el Occidente colombiano. Hacía el doctor López, a su vez, un llamado a que a esta cruzada “concurriera el Oriente, para realizar la gran obra nacional”.
“La descentralización cambiará la faz de la República”, decía López. Y agregaba: “El sistema limosnero de la Nación respecto a los departamentos, y de estos en sus relaciones con los municipios, constituye a estos dos organismos en mendigos... Viva cada cual –Nación, Departamento, Municipio– de sus recursos propios, acreciéntelos y permítaseles invertirlos a su talante, buscando la cooperación para lograr el bienestar común”.
Décadas después en Medellín, marzo del 2026, se volverían a reunir los alcaldes de las grandes capitales del país. Reclamaron lo mismo que sus antiguos colegas: la descentralización. Con otros términos en la redacción frente a la de aquel documento, pero identificado en el fondo del reclamo con similar tono al que los precedió hace 9 décadas. Ambas actitudes sintetizan análogos derechos que hoy demandan y las vicisitudes que atraviesan al enfrentarse a un Estado central voraz, manirroto, en el manejo de los recursos oficiales.
Ahora en la reciente reunión de Medellín, los asambleístas reclamaron mayores fuentes de financiación y autonomía presupuestal para impulsar el desarrollo de las comarcas. Denunciaron las medidas unilaterales que desde la cúpula del Gobierno Central se han tomado contra la autonomía administrativa. Y si a ello se suman los continuos ataques desde la Casa de Nariño contra los alcaldes y gobernadores que fueron elegidos por fuera del petrismo, se rompe la armonía, hecho que dificulta el cumplimiento de la descentralización dada por el legislador a través de reforma constitucional. Una reforma que, para su pleno funcionamiento, requiere la aprobación de normas reglamentarias que fijen las competencias que deberán asumir los entes territoriales para que el sistema funcione a plenitud. Lo importante no es pintar la paloma sino ponerle pico y que coma.
Así que lo pronunciado en 1934 desde Medellín en la Convención Nacional Descentralizadora sigue teniendo eco en los actuales mandatarios, quienes con el refuerzo de algunos gobernadores –especialmente el de Antioquia– persisten en la lucha por hacer que algún día la voracidad del Estado Central haga un acto de justicia y reparación a las regiones colombianas.
P.D.: Duro ataque de Abelardo de la Espriella contra algunos miembros de la coalición política que hoy acompaña a Paloma Valencia. Pero el que llevó la peor parte de la arremetida descalificadora fue el exgobernador Aníbal Gaviria. Le enrostró el hecho de “tener un proceso por corrupción”.