Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

Suscríbete Suscríbete

Por Lina Valderrama - Comunicaciones.wic@womeninconnection.co

Mujeres, ¡hablemos de plata sin tapujos!

hace 3 horas
bookmark
  • Mujeres, ¡hablemos de plata sin tapujos!
  • Mujeres, ¡hablemos de plata sin tapujos!

Por Lina Valderrama - Comunicaciones.wic@womeninconnection.co

Esta es la historia de Doña Rosa, una abuela que vivió en su casita de Buenaventura. Pasaba los días lavando ropa ajena, criando a ocho hijos y administrando la finca familiar mientras su esposo trabajaba en la ciudad. Ella sudaba más, pero él se llevó toda la pensión. Al final, doña Rosa vivió sus últimos años contando monedas, sin un peso para la vejez. Su historia no es cuento viejo: es el eco de millones de mujeres latinoamericanas.

Las reglas del juego han cambiado, pero nuestra conversación sobre el dinero no. Hoy nos casamos siendo más adultas, con algo de patrimonio en la mano. En México, la edad promedio para casarse en 2023 alcanzó los 31.7 años para las mujeres, y la tendencia sube en toda la región. Muchas construimos casas, negocios o ahorros antes del “sí”. Compramos nuestros departamentos, montamos empresas, invertimos. Pero aquí está el problema: construir patrimonio no garantiza protección si no hablamos abiertamente de capitulaciones, inversiones separadas y pensiones propias. La pregunta no es si te quedas en casa o sales a conquistar el mundo. La pregunta es: ¿tienes independencia financiera para decidir sin miedo tu futuro?

En Colombia, solo 12.1% de las mujeres logra pensionarse, comparado con 22.5% de los hombres, brecha de más de 10 puntos porcentuales que nos deja desprotegidas en la vejez. Y cuando logramos pensionarnos, recibimos menos que ellos, pero vivimos más. Tres décadas trabajando para terminar con una mesada que apenas alcanza.

Esta dependencia económica no es solo un problema de bolsillo. Es violencia silenciosa que explota en formas brutales. El pasado 25 de noviembre, la CEPAL alertó cifras devastadoras: 19.254 feminicidios en los últimos cinco años en América Latina y el Caribe, con 3.828 solo en 2024 —eso es 11 mujeres asesinadas cada día por razones de género, mayoritariamente por sus parejas o exparejas. Sin finanzas propias, ¿cómo escapas de una relación que mata? La autonomía económica puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Doña Rosa no tenía red de seguridad financiera, no tenía cuenta propia, no tenía ahorros, ni salida. Y esto sigue pasando hoy. La violencia económica es el primer paso de una escalera que muchas veces termina en tragedia.

No se trata de desconfiar de tu pareja. Se trata de blindar tu futuro y tu libertad. De tener la tranquilidad de saber que, pase lo que pase —divorcio, viudez, enfermedad, o simplemente el deseo de cambiar de rumbo— tienes los recursos para sostener tu vida con dignidad. Es hora de hablar sin vergüenza de presupuestos, de inversiones diversificadas, de fondos de pensión y educación financiera. Abre una cuenta de ahorros separada. Invierte aunque sea poco. Cotiza aunque trabajes desde casa. Conoce tus derechos patrimoniales, pregunta, lee, aprende. La ignorancia financiera nos cuesta la vejez, la libertad y, muchas veces, la vida misma.

Hagamos que la historia de doña Rosa sea lección, no legado. Construyamos patrimonios imparables, conversaciones incómodas y futuros seguros. Una mujer con autonomía financiera puede elegir su destino sin miedo. El poder está en nosotras. Y empieza hablando de plata sin tapujos.

Sigue leyendo

María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

LEER Crítica arrow_right_alt

Por Lina Valderrama - Comunicaciones.wic@womeninconnection.co

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD