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Las falacias sobre las reservas técnicas en salud

Ante la carencia de argumentos para justificar demoler el sistema de salud que ha llevado a deslegitimar a sus actores, inventaron la fábula de que las EPS se roban la plata de las reservas técnicas, lo que ignora su significado y objetivos.

11 de julio de 2025
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  • Las falacias sobre las reservas técnicas en salud

Por Luis Gonzalo Morales Sánchez - opinion@elcolombiano.com.co

Con la intención de deslegitimar a sus actores y así justificar el desmantelamiento del sistema de salud, desde el gobierno se ha querido culpar a las EPS de la insuficiencia de recursos, atribuyéndosela al manejo corrupto de las denominadas reservas técnicas. Estas son recursos que una EPS “reserva” cuando autoriza atender un paciente que solo deberían gastarse cuando llegue la factura, garantizando el pago al prestador del servicio.

La primera falacia surge cuando dan a entender que estas reservas son recursos adicionales a los que recibe una EPS por concepto de la UPC que le reconoce el Estado por cada afiliado. Afirmación que carece de todo fundamento: las reservas salen de la misma UPC, no son plata adicional y si esta es insuficiente las reservas también.

La segunda es que si la UPC no alcanza, las reservas las deberían colocar los dueños de la EPS de su propio bolsillo. Algo desatinado porque es obligación del gobierno hacer que la UPC alcance para financiar el costo de los servicios y asumir los faltantes, como bien lo ha señalado la Corte Constitucional al ordenarle al gobierno revisar su valor.

La tercera es que estas deberían mantenerse invertidas en un banco hasta tanto llegue la factura, algo contrario a los hechos. Hoy el 90% de las EPS del país han acumulado pérdidas porque el costo de los servicios ha superado el valor de la UPC. Se cae de su propio peso que si no hay recursos suficientes se vaya acumulando el faltante y por ende no hay de donde sacar plata para reservas y menos para mantenerlas guardadas en un banco teniendo deudas pendientes.

La cuarta falsedad es hacer creer que si los gastos en atenciones superan los ingresos por la UPC, es obligación de las EPS por ser aseguradoras cubrir la diferencia con plata de sus dueños. Argumento insólito teniendo en cuenta que una aseguradora agrupa y gestiona riesgos, pero no hace aparecer dinero de la nada. Además, la Corte Constitucional (Sentencia C-262/13) señaló que la UPC es un recurso público que no le pertenece a la EPS, por lo que sí es deficitaria, el Estado debe cubrir la diferencia, como también que si sobra dinero tampoco podría apropiarse de este. Son dineros públicos que se deben destinar exclusivamente a pagar atenciones en salud sin que nadie se pueda adueñar de ellos ni utilizar en algo distinto.

Con este mito surgido en parte de la ignorancia, pero sobre todo de la mala intención, es que se ha construido el relato engañoso de que las EPS se robaron las reservas técnicas. Si bien es posible que exista corrupción en su manejo, esta nunca alcanzaría a explicar el enorme faltante de recursos que según la Contraloría, llega hoy a $32,9 billones. Situación que coloca al sistema al borde del colapso que afectaría con severidad la prestación de servicios, a pesar de lo cual el gobierno en su ceguera ideológica sigue sin hacer nada para resolverlo, afirmando erradamente que este es “un negocio privado”.

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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