Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

Suscríbete Suscríbete

Un candidato de “izquierda”

02 de septiembre de 2025
bookmark
  • Un candidato de “izquierda”

Por Natalia Zuluaga Rivera - nataliaprocentro@gmail.com

Para los seguidores, simpatizantes y militantes del Pacto Histórico, y para quienes aún creen en la ideología de izquierda y se dejan deslumbrar con discursos socialistas, populistas, paternalistas y altruistas, les haré un pequeño recuento del precandidato del Pacto Histórico que asegura que ganará la consulta interna del Pacto el próximo 26 de octubre, y quien, desde ya, se hace llamar el sucesor de Gustavo Petro.

Este personaje, inició en la política siendo candidato al Concejo de Medellín por el partido Conservador; luego fundó en Bogotá el partido del Tomate, un movimiento político que nunca alcanzó curul para ser partido, y ahí llegó su fin; luego se arrodilló ante la política tradicional y pasó a ser candidato a la cámara por Bogotá con el partido Liberal de Cesar Gaviria; finalmente llegó a la Alcaldía de Medellín con los independientes y hoy aspira ser el candidato a la presidencia por el Pacto Histórico. Hasta acá, el pequeño recorrido de su promiscuidad política.

Como pueden ver, no le ha importado pasar por un abanico de partidos, para él no hay ideología que guíe su camino político, no existen banderas, ni principios que determinen su actuar, lo único que le importa es llegar donde vea oportunidad de tener poder. Para Daniel Quintero, pareciera que la palabra Gobernar, significa acceder a los privilegios del poder, beneficiar a los suyos y presuntamente querer enriquecerse.

Los que no son paisas y vienen “deslumbrándose” con Quintero, les refresco memoria: Este personaje llegó en 2020 a la alcaldía de Medellín, llegó a dividir, se enemistó con el empresariado Antioqueño y las grandes empresas paisas; contrario a buscar colaboración armónica con la empresa privada y afianzar alianzas para avanzar en proyectos de ciudad que nos beneficiaran a todos, decidió gobernar solo, o mejor, con su círculo más cercano de amigos y familia sin importar si eran o no, personas calificadas para ser nombradas en cargos directivos y técnicos que exigían conocimiento idóneo para el mantenimiento y crecimiento de empresas importantes de la ciudad, ejemplo: RutaN.

Nunca sus propuestas estuvieron pensadas en la prevalencia del interés general, pero si en cambio, pensadas desde la ambición y el interés particular. No se trata de hablar por hablar, por eso cabe recordar que, a la fecha, van 36 funcionarios de la Alcaldía (2020-2024) con imputaciones por diferentes delitos relacionados con corrupción y malversación de recursos públicos. Se investigan: Contratos sin el cumplimiento de requisitos legales, peculado por apropiación, interés indebido en la celebración de contratos; peculado por apropiación en favor de terceros y prevaricato por acción, estos dos últimos imputados directamente a Quintero.

Si bien una imputación, no es la confirmación de responsabilidad penal, es por lo menos la existencia de elementos probatorios, para inferir de manera razonable, que la persona imputada, es un probable autor del delito que se investiga.

Conociendo su habilidad para hacerse notar, su estrategia digital, disruptiva y populista, ese porcentaje podría crecer. ¡Abran los ojos! pregunten a quienes padecimos el peor gobierno que ha tenido Medellín, y muchos les dirán: Este personaje, es peligroso y puede ganar la consulta.

Sigue leyendo

María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

LEER Crítica arrow_right_alt

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD