x

Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Regreso al kilovatio

hace 5 horas
bookmark
  • Regreso al kilovatio
  • Regreso al kilovatio

Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com

Me tocó trabajar en la edad de piedra de la radio. Lo constaté en la visita que hicieron a Medellín el pasado lunes “Julitonomecuelgue” y su tribu de Caracol-W. Hacía años no estaba en un estudio radial, así fuera improvisado. Acomodaron sus sofisticados fierros en la biblioteca de Belén, el barrio donde duermo. En mi época, la radio también dormía de noche cuando se apagaban los transmisores.

Tan pronto me enteré de que “Julito” y su combo originaban desde la biblioteca me empaqué mi desayuno de pensionado, calcé “zapatos con alas para descansar caminando” y los que se van a ver trabajar a los colegas que nos dieron el codazo generacional. Esclavos, trabajen.

Nada que ver esta tecnología con la artesanal que nos tocó lidiar en los insólitos años sesenta. Hacíamos radio con las uñas, con amor-humor por el arte de contar historias. Tampoco nada que ver nuestro salario con los de “Julitonomecuelgue” y su equipo de estrellas que vinieron del frío bogotano.

Si la generación de hoy tiene satélites nosotros también teníamos uno: la luna, que por estos días visitan cuatro voyeristas de la Nasa. Teníamos cerros con repetidoras que nos permitían salir al aire.

La exclusiva chaqueta del hijo de Cacharilas me recordó la pinta de mis jefes en Todelar el Loco Alberto Giraldo y mi maestro Antonio Pardo García, felizmente vivo. Nada de hebras compradas en el san Victorino bogotano, versión rola de El Hueco, de Medellín. En los trajes de Giraldo había un rumor lejano de Saville Row, el exclusivo sector londinense de la moda. Lo conocían los meseros del Maxim´s, de París, desde mucho antes de que se juntara con malas compañías.

Los trajes de Pardo eran una fiesta y hacían juego con la prosa exquisita que utilizaba para redactar noticias con velocidad de plusmarquista. Los demás éramos los demás, la tropa, los cargaladrillos encargados de llevarles a los oyentes el maná de la información. Disfrutábamos nuestro oficio como si el mundo se fuera a acabar dentro de media hora.

En mis inicios - también ahora, claro- madrugar y trabajar en radio eran sinónimos. A las cinco en punto de la mañana estábamos en la redacción. Nada de noticieros en directo como se estila ahora. Redactábamos las noticias en paquidérmicas y bellas máquinas de escribir que hoy son chatarra nostálgica. Escribíamos en cuartillas que revisaban el director o el jefe de redacción antes de pasárselas al locutor. Las entrevistas eran grabadas y salían al aire por cuentagotas. Ahora, cualquier exabrupto de Trump (“una civilización entera morirá”) sale al aire en directo.

Otra cosa en la que coincidimos los que hicimos radio y quienes nos han relevado: Ni Chat GPT podrá hacerlo con las ganas y alegría nuestras. Inteligencia artificial tampoco podrá lucir la inverosímil corbata que trajo a Medellín “Julitonomecuelgue”.

Sigue leyendo

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD