Emanuel Ortiz debutó en el diamante del Babybéisbol Luis Alberto Villegas y, a diferencia de otros niños, no tenía una barra presente en las graderías. Pero el motivo iba más allá de un simple pretexto: su padre, Luis Fernando Ortiz, trabaja arduamente desde el semáforo de la carrera 74, vendiendo sopas de letras, periódicos, dulces y otros productos para impulsar el sueño de Emanuel de hacer parte de los Dodgers de Estados Unidos.
Cada día, este jugador de 12 años llega al diamante acompañado por su padre en la moto. Mientras él se queda entrenando, su papá continúa la jornada laboral a escasos metros del campo de juego, en el semáforo, donde trabaja desde hace más de 18 años, en la Unidad Deportiva Atanasio Girardot de Medellín.
Emanuel lo tiene claro y sabe que su padre está cerca cuando necesita algo: “Mi papá me trae y ya él se va a trabajar y yo me quedo entrenando”. Ese esfuerzo diario se convierte en combustible para el niño proveniente del barrio Caicedo, y quien desde el año pasado decidió apostarle también al béisbol, aunque su proceso formativo ha estado ligado principalmente al sóftbol.
En el Babybéisbol Gatorade, Emanuel se mueve entre varias posiciones: catcher, tercera base y outfield. Sueña en grande, como muchos jóvenes que hacen parte de este Festival de Festivales, pero con una convicción firme: llegar a ser jugador profesional en Estados Unidos, con el uniforme de los Dodgers. Su madre y su padre, ambos sordomudos, lo acompañan desde el amor que expresan en sus gestos, y que él entiende con motivación: “Me felicitan y me dicen que siga así, que más adelante voy a ser profesional”.
Emanuel creció en un entorno en el que se vio en la necesidad de aprender el lenguaje de señas; sin embargo, para él no es una carga, sino un acto de amor. Con la admiración que le inspira su padre, un hombre trabajador, tiene claro que haber aprendiendo este lenguaje desde pequeño le abrirá muchas puertas, y quiere creer que va un paso más adelante que otros niños. A sus padres les manda un mensaje: “Los quiero mucho y muchas gracias por apoyarme”.
Desde la mirada del entrenador Carlos Rodrigo Vega, Emanuel es un niño con fuerza y mucho potencial que merece ser preparado de manera especial. Para él, tener la oportunidad de estar en el Babybéisbol ya es ganancia, al poder conocer no solo la parte deportiva, sino la humana y personal del este talento. Se visiona con poder llevarlo a otro nivel, haciendo un trabajo personalizado para potenciar sus cualidades y que pueda aspirar a una beca universitaria o, “quién quita”, ser un jugador profesional de béisbol.
Esta historia es de las que se cruzan en lo inesperado de la vida, recordándonos que aquel señor que labora en las calles, pese a que su labor sea catalogada como un trabajo “sin valor”, también tiene una historia, un hogar por el cual luchar, un hijo por quien sale a los semáforos para brindarle un mejor futuro y una cruz que, aunque pese, la carga con amor todos los días.