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El fracasador

Si David Betancourt no existiera tendríamos que inventárnoslo, la literatura sería cosa sosa sin esta verdad revelada, tanto talento, tanta humildad.

hace 17 horas
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  • El fracasador

Por Diego Aristizábal - desdeelcuarto@gmail.com

En una columna que escribí en 2023 sobre el libro “La conjura de los vicios”, decía que la vida tenía sentido si buscaba más libros de su autor, un tal David Betancourt, y de verdad lo intenté. Tampoco es que me haya esforzado mucho, pero cada que me acordaba preguntaba en librerías de cosas raras, porque eso parecía ser este escritor, por “La vida me vive amargando la vida”, por “Ataques de risa”, o por el que fuera, pero nada. De no ser porque lo leí hubiera pensado que David, el mismo que sintió el deber de reemplazar a García Márquez cuando el 17 de abril de 2014 al escritor le dio por morirse, era una mera invención.

Durante todo este tiempo infeliz, donde había semanas que sentía síndrome de abstinencia y me tocaba gritar: ¡Gonorrea!, perdón, leer “Gonorrea”, “El camarada Piquitos” o “Las desventuras del rey de la conversa”, me preguntaba dónde estarían los libros de este man, autor de tantos libros como ganador de premios, el último se lo dieron el año pasado, el Premio Latinoamericano Sergio Galindo, por su novela “Los hijuetantas”, que tampoco se consigue en Colombia. Alguien me dijo que quizás por la Veracruz, pero en realidad era en la Editorial de la Universidad Veracruzana, en México. ¡Ni modo!

Resignado a no encontrarlo jamás, a que para mí fuera autor de un libro, graciosísimo, eso sí, me dediqué a leer otras cosas serias, profundas, sin llegar al existencialismo ni al melodrama. Hasta que un día, el portero de mi edificio me entregó un sobre. Como esa semana no estaba esperando nada especial y estaba enredado, dejé el sobre en el montoncito de libros que las editoriales me mandan. Y no me van a creer, pero fue otra vez cepillándome los dientes cuando me dio por abrir ese sobre, una semana después, y ahí estaba, un librito delgado llamado “El fracasador”, de mi olvidado David Betancourt. Corrí al baño, escupí, me juagué a medias y me senté a leer plácidamente acompañado de los pichones de eufonías que tengo en el balcón y hacen más bulla que la señora que injustamente exigió que le quitaran el premio al único concursante y ganador del IMACP, ¡despreciada señora!, la envidia nos mata, David se merece todos los premios, de alta y bajita categoría.

De las ocho historias, me quedo con todas, pero para tener un poco de criterio me quedo con “Ciudadano ilustre” y con la ñapa “También la verdad se inventa”, qué grande es Gabrielito Marín, ya sé a quién buscar cuando no vuelva a encontrar nada de David, qué justo es que en Marinilla la reina de la Arepa de Queso con Lecherita tenga por referente mundial, mundial a este David que no tiene Goliat en la literatura del oriente más cercano.

Si David Betancourt no existiera tendríamos que inventárnoslo, la literatura sería cosa sosa sin esta verdad revelada, tanto talento, tanta humildad. Este libro es pura gozadera, que lo entiendan de una vez las editoriales para que, entre todas, vuelvan a David, un escritor que llegará muy cerca. Y ojalá este año sí lo inviten a la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín pa’ ir a verlo y decirle: ¡Maestro!

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