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La insaciabilidad moderna

hace 8 horas
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Por Fanny Wancier Karfinkiel - fannywancier7@gmail.com

Los mayores inventores de todos los tiempos fueron seres prehistóricos de frentes abultadas y pequeños cerebros que vivían en cavernas. Aun así, cuando comenzó la verdadera historia de la humanidad los neandertales ya tenían lo que poseemos hoy: ropa, vivienda, utensilios, arados, semillas para hacer pan, vacas para ordeñar, ovejas para esquilar, perros para cazar y cuchillos, flechas, arcos y escudos para defenderse. También consideraron que era mucho más fácil morder la carne si se cocinaba al fuego, elemento que no inventaron, pero aprendieron a dominar y conservar. Además de dibujar y tallar la piedra, la madera y los huesos (formas visuales para registrar información), descubrieron maneras gestuales, gritos rudimentarios y un sistema de comunicación primitivo para coordinarse en grupo. Es decir, crearon el lenguaje.

Las principales épocas de la humanidad han tenido invenciones que las identifican: la prehistoria el período más extenso, luego la Edad Antigua con la escritura, la rueda y la metalurgia, posteriormente la Edad Media por medio del reloj, la pólvora y el papel, después la Edad Moderna a través de la imprenta, el telescopio, la máquina de vapor, hasta llegar a la Edad Contemporánea gracias a la bombilla, el automóvil, la computadora, Internet y la IA, innovaciones que han cambiado radicalmente la vida diaria de los seres humanos. Sin embargo, siempre hay al menos dos puntos de vista y, aunque impulsaron el progreso, la salud, la eficiencia y el confort, también produjeron impactos sociales, altos riesgos y dependencias.

Es así que, a pesar del innegable impulso de la tecnología en la evolución mundial, la sobreestimulación digital moderna (hecho comprobado y desafío de salud pública) acostumbra al cerebro a estímulos constantes que desarrollan una especie de “intoxicación o envenenamiento” debido a la abrumadora cantidad de pensamientos estériles y emociones superficiales de mínima duración que evidencian el alto riesgo de arruinar el equilibrio mental y emocional. “Nada es suficiente” para la agitación interior de la edad contemporánea, para el hambre mental que no se satisface, para el agotamiento emocional y la falta de atención producto de la fatiga y el aburrimiento, fenómenos universales que dependiendo desde donde se miren, fomentan la creatividad o, en contraste, un peligroso estado afectivo de vacío y búsqueda constante de novedades que desembocan en melancolía y falta de sentido.

Bajo este escenario, o tomamos el camino de la omnipotencia o abandonamos la quimera de la plenitud constante, no como una rendición, sino como el motor que permite el deseo, la creatividad y el entendimiento de cambiar lo posible y aceptar lo inalterable. Se trata de relacionarnos con la vida sin el objetivo disfuncional de “podemos tenerlo todo”.

Cabe destacar la frase en La Celestina, obra de pasión y conflicto social atribuida al escritor y jurista español Fernando de Rojas donde Sempronio, aunque con motivaciones egoístas, emplea la célebre expresión “contentémonos con lo razonable, no sea que por querer más lo perdamos todo, “que quien mucho abarca poco aprieta”. Posiblemente pensaba que la cantidad no garantizaba la calidad.

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