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El regalo de la disciplina

La disciplina no es obediencia: es amor propio. Es un pacto con uno mismo que se renueva todos los días.

hace 2 horas
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  • El regalo de la disciplina

Por María Luisa Zapata Trujillo - JuntasSomosMasMed@gmail.com

Algunas personas nos incomodamos fácil cuando actuamos sin convicción sobre lo que hacemos. Nos gusta comprender por qué hacemos las cosas y el orden de las decisiones que tomamos. Para algunos, la disciplina puede verse como carga o incomodidad de obedecer sin comprender. Quiero reflexionar sobre ella para invitar a un cambio de perspectiva, ya que los procesos con disciplina pueden convertirse en elemento clave para sacar adelante nuestros propósitos.

La disciplina suele interpretarse como rigidez y límites. Muchas veces pensamos que es impuesta, y nos lleva a resistirnos, pues la asociamos con hacer cosas aun cuando no queremos.

Al pensar en mis experiencias, recuerdo que desde pequeña creía que la disciplina significaba ser obediente y hacer caso. Aunque solía cumplir, me incomodaba, pues sentía que eliminaba la posibilidad de ser un poco rebelde; vivir con una rebeldía sana, necesaria para interpretar el mundo desde una manera auténtica y propia. En ese tiempo, la disciplina y la rebeldía parecían reñir como parte del proceso de crecimiento y educación, sin comprender entonces que es la disciplina la que permite sostener procesos en el tiempo.

Hoy he comprendido que la disciplina no es obediencia: es amor propio. Es un pacto con uno mismo que se renueva todos los días. No es un camino fácil ni lineal; es imperfecto, interrumpido y retomado con consciencia. Es allí en donde podemos abonar decisiones pequeñas y actos cotidianos al servicio de grandes anhelos. Cuando dejamos de lado ese pensamiento ingenuo e ilusorio de creer que las cosas se darán solas, o de esperar resultados sin un proceso, y lo cambiamos por método y disciplina para honrar nuestra voluntad, comenzamos a ganar la confianza para lograr nuevas hazañas y objetivos difíciles.

Necesitamos dejar de actuar con alta expectativa sobre la motivación. A veces no hay ganas de hacer las cosas, pero si recordamos los propósitos y objetivos – el para qué de lo que hacemos – quizás podamos trascender la frustración que aparece cuando las cosas tardan, o no vemos desenlaces esperados. Como dice una canción de Alcolirikoz que me gusta: todo lo bueno tarda. Lo mejor es no perder la perspectiva y aprender a conectar la disciplina con la autoestima.

Este nuevo comienzo puede ser la oportunidad para regalarnos disciplina: elegirnos, honrar anhelos con cada decisión y sostener ese fuego interior que nos permite recordar lo importante, incluso en momentos que perdemos la esperanza. Cuando parezca difícil, hacernos cargo de pequeños detalles nos permite que los mejores resultados nos encuentren comprometidos con el proceso. Que 2026 nos permita sostener este regalo durante el año y no abandonemos los caminos que decidamos comenzar.

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