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Astronautas de Artemis II volverán más altos, más jóvenes y con cambios leves en el ADN luego de 10 días en el espacio

A pesar de estar apenas 10 días en el espacio, el cuerpo de los astronautas va a presentar algunos cambios y una serie de desafíos tras su regreso a la Tierra.

  • Los cuatro astronautas ocupantes de la nave Orion llegarán este viernes, 10 de abril, a la Tierra. FOTO: Nasa
    Los cuatro astronautas ocupantes de la nave Orion llegarán este viernes, 10 de abril, a la Tierra. FOTO: Nasa
hace 4 horas
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Luego de romper la marca de la mayor distancia espacial y cumplir con el objetivo de mostrar la cara oculta de la Luna, los astronautas de la misión Artemis II regresarán este viernes a la Tierra con una serie de cambios en su cuerpo.

A pesar de que, comparado con otras misiones, la estancia de los tripulantes de Orion en el espacio no fue prolongada, los diez días fuera de la gravedad terrestre generan modificaciones en el organismo del ser humano. Algunas pueden ser leves mientras que otras representarán desafíos que deben ser atendidos para que la vuelta al planeta no represente riesgos para la salud.

Los primeros cambios se dieron desde el momento en el que partió Orion hacia el espacio, ahí el organismo intentó adaptarse a la microgravedad, algo que es llamado el síndrome de adaptación espacial.

A causa de este fenómeno, los astronautas pudieron experimentar náuseas, mareos, dolores de cabeza y desorientación durante los tres primeros días de la misión.

Lea también: Los curiosos problemas de Artemis II: inodoro roto, orina congelada y Outlook caído

Luego de haberse enfrentado al espacio, una vez hagan el amerizaje, los astronautas sentirán los cambios en su sistema musculoesquelético, pues la falta de carga física sobre el cuerpo provoca un debilitamiento rápido de los tejidos de soporte.

De acuerdo con estudios realizados por la Nasa, se estima que la masa muscular puede reducirse hasta un 20% en solo dos semanas debido a que los músculos ya no combaten la gravedad.

Además, los huesos inician un proceso de desmineralización al no estar sometidos a tensión. Durante los 10 días, la pérdida de masa ósea se estima en un 0.5% (lo cual es 10 veces más rápido que en la Tierra).

Las condiciones mencionadas hacen que el ser humano luego de estar en el espacio experimente un aumento en su estatura debido a que, en condiciones de microgravedad, la columna vertebral deja de estar comprimida por el peso del propio cuerpo.

Expertos han detallado que al no existir esta presión gravitatoria constante, los discos intervertebrales tienen la capacidad de expandirse. Como resultado de este fenómeno, los tripulantes pueden ganar entre 2 y 5 centímetros de estatura durante su misión, sin embargo, este efecto puede ser temporal y desaparece una vez que el astronauta regresa a la Tierra y su cuerpo se readapta a la gravedad terrestre.

Otra modificación importante que experimenta quien viaja al espacio es la redistribución de fluidos y la presión intracraneal, pues en la Tierra, el corazón debe esforzarse para bombear sangre hacia la cabeza contra la gravedad. En el espacio, esta resistencia desaparece, alterando el flujo de líquidos.

Así, el flujo de sangre que llega al cerebro aumenta sustancialmente, lo que conlleva un aumento de la presión.

Por otra parte, también hay efectos visuales debido a que los vasos sanguíneos pequeños (capilares) pueden hincharse, lo que puede causar un edema en el nervio óptico y visión borrosa. Esto sería transitorio en este caso pero en misiones con mayor prolongación el efecto puede ser permanente.

La expedición en el espacio también trae efectos en la radiación y la genética, pues al viajar más allá de la órbita terrestre, la tripulación queda expuesta a niveles más altos de radiación espacial.

Durante los 10 días, los astronautas recibirán entre 10 y 20 milisieverts, el equivalente a unas 10 radiografías de cuerpo completo o a la radiación natural que un humano recibe en 5 años en la Tierra. Esta exposición provoca cambios leves y temporales en el ADN.

Con el amerizaje, el cuerpo debe enfrentar nuevamente la gravedad de 9.8 m/s², lo que supone un “choque” físico que implica que el corazón debe volver a trabajar mucho más para bombear sangre a todo el cuerpo.

Este escenario se da porque en el espacio el corazón se acostumbra a un entorno donde los fluidos no son empujados hacia abajo, lo que provoca que la sangre fluya con mayor facilidad hacia el cerebro sin necesidad de ese trabajo adicional.

Por el ya mencionado debilitamiento de músculos y huesos, algunos astronautas presentan dificultades para caminar o mantener el equilibrio inicialmente, requiriendo apoyo físico y un periodo de readaptación que puede durar días o incluso meses.

Curiosamente, los astronautas pueden regresar ligeramente más jóvenes debido a un fenómeno físico explicado por la teoría de la relatividad de Albert Einstein.

Según la explicación de expertos, esta teoría indica que el tiempo transcurre de forma distinta dependiendo de factores como la velocidad del movimiento y la intensidad de la gravedad.

En el caso de misiones espaciales como Artemis II, aunque los astronautas viajan a grandes velocidades y están bajo condiciones de gravedad diferentes a las de la Tierra, la diferencia de tiempo es casi imperceptible.

Por tal motivo, al regresar al planeta, los tripulantes de Orion habrán envejecido apenas fracciones de segundo menos que las personas que se quedaron en la Tierra.

La salud mental también debe ser tratada luego de estos viajes, pues la rutina en un entorno confinado puede alterar los ciclos de sueño y generar niveles elevados de estrés.

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¿Qué ejercicios hacen los astronautas para facilitar su adaptación a la gravedad de la Tierra?

Para combatir la pérdida de masa muscular y la desmineralización ósea causada por la microgravedad, los astronautas siguen rutinas de entrenamiento intensivas utilizando equipos especializados que simulan las cargas físicas de la Tierra.

En la lista de ejercicios hay sistemas de levantamientos de pesas, los cuales son esenciales para someter a los músculos y huesos a tensiones que no experimentan en el espacio.

También utilizan cintas de correr y bicicletas ergonómicas adaptadas al entorno espacial que permiten mantener la resistencia cardiovascular y la fuerza en las piernas.

Los ejercicios de impacto como saltos estando enganchados con gomas elásticas son primordiales para generar presión sobre la estructura ósea. Los astronautas deben ejercitarse con una intensidad promedio de dos horas diarias.

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