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La Fundación Mi Sangre, de Juanes, celebra 20 años y más de 2,1 millones de personas impactadas

La organización social fundada en 2006 por Juanes y Catalina Cock Duque tendrá su aniversario número veinte el 10 de abril. La fundación está enfocada en promover liderazgos y ha hecho presencia en 281 municipios de Colombia

  • En sus veinte años, la Fundación ha llegado a 281 municipios de Colombia. FOTO: Fundación Mi Sangre
    En sus veinte años, la Fundación ha llegado a 281 municipios de Colombia. FOTO: Fundación Mi Sangre
hace 47 minutos
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En el dosmil, Juanes debutó como solista con Fíjate bien, una canción que ponía en evidencia el drama de los miles de colombianos víctimas de minas antipersona.

Cantando: “Ya no sé quién es el dueño de tu vida y de la mía, solo sé que hay un cuento que no parece que termina aquí”, fue que se sembró una inquietud que, seis años más tarde, terminó dando origen a la Fundación Mi Sangre.

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Creada por el cantante y por Catalina Cock Duque, durante sus primeros años se dedicó a recaudar recursos para apoyar a las víctimas de estos explosivos cuando Colombia era el segundo país en el mundo, después de Afganistán, con mayor número de casos nuevos.

Ahora, veinte años después, más que contribuir a la construcción de paz, esta organización social se ha dedicado a desarrollar e impulsar liderazgos en niños, adolescentes, jóvenes y adultos.

Próxima a celebrar sus veinte años este 10 de abril, la Fundación destaca que han sido 2.111.626 las personas impactadas en 281 municipios de Colombia durante estas décadas. Además, su modelo ha sido replicado en Sudáfrica y también han realizado proyectos en otros países de Latinoamérica como Guatemala.

Aunque al principio el objetivo era llevar a cabo proyectos lúdicos y artísticos con niños y adolescentes víctimas de minas, su propósito se expandió en 2009, cuando en Nariño vieron cómo quienes participaban en sus programas se convertían en agentes de cambio en sus propias comunidades.

“Eso fue como un chispazo para nosotros, porque lo entendimos como una señal de apostarle también a un enfoque mucho más preventivo”, explica Cock, quien actualmente es la presidenta de la organización y que, gracias a su trabajo, ha recibido reconocimientos como el de Mujer del Año Cafam o el de Innovadora Social del Año por parte del Foro Económico Mundial y la Fundación Schwab.

Desde entonces, la Fundación ha estado enfocada en fortalecer liderazgos, acompañar iniciativas de transformación social, generar redes y movilizar la comunicación con el fin de cambiar creencias.

Lo hacen a través del trabajo en escuelas, comunidades y entornos multisectoriales que, según explica Cock, son espacios en los que participan distintos actores de la sociedad para comprender y abordar problemáticas complejas desde múltiples perspectivas.

Y, a su vez, en estos procesos han trabajado temas como la seguridad, la salud mental, la inclusión y la relación con la naturaleza.

Los frentes son amplios y los programas, muchos. Para entender solo una parte del trabajo que hacen en Mi Sangre está la experiencia de Jennifer Montoya, una docente de 30 años que trabaja en Apartadó.

En 2025, la organización llegó a capacitar a docentes de múltiples instituciones educativas ubicadas en zonas estratégicas del Urabá antioqueño, y una de esas fue en la que enseña Montoya.

Con voz de sorpresa, Jennifer cuenta que en esos espacios la formación giraba alrededor de una serie de habilidades para la vida que “uno ni siquiera se imagina que debe entrenar”.

“Manejo de emociones, reconocimiento de emociones... y es que uno, como adulto, tiene un lenguaje emocional muy reducido. Siempre es ‘tengo rabia’, ‘tengo tristeza’, ‘ansiedad’. Pero hay un bagaje muchísimo más amplio de emociones que, a mí como docente, me sirvió mucho y que fue precisamente lo que llevamos a los estudiantes”.

Al momento de replicarlo, como no podía estar tras cada uno de los 1.500 estudiantes de su escuela, lo que hizo la profesora fue enseñarles lo aprendido a los representantes de grupo para que estos, a su vez, lo llevaran a sus compañeros.

Y ahí es donde entra lo poderoso del liderazgo: al una persona tener herramientas y compartirlas, permite que de ellas aprendan y se beneficien diez más, y esas diez las amplifican a 50, y así va creciendo la red.

Otro ejemplo del trabajo que hace Mi Sangre lo cuenta Anderson Romaña, un joven abogado de 25 años que hizo parte del fellowship de la fundación, un programa formativo dedicado a líderes jóvenes que trabajen en construcción de paz.

Ahí llegó en 2022, pero desde antes, en su natal Chocó y desde los 15 años, Anderson ha estado involucrado en proyectos de liderazgo sobre diversidad, equidad e inclusión.

En ese fellowship, donde recibió mentorías sobre cómo potencializar su liderazgo y también acerca de reconstrucción del tejido social y construcción de paz, Romaña tuvo la oportunidad de desarrollar un proyecto con jóvenes de Quibdó, Tadó e Istmina, donde se reunió con 32 personas para conversar y entender las perspectivas de los jóvenes sobre el liderazgo y la construcción de paz en sus territorios.

En ese proceso, además de conectar y generar redes que hoy en día se mantienen, uno de los puntos que destaca Anderson de la formación que ofrece la fundación es el enfoque crucial que tiene la salud mental.

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“Mi Sangre se ha dedicado a entender por qué el liderazgo debe ser un liderazgo consciente, no solo enfocado en los resultados, sino también en cómo nos cuidamos a nosotros mismos para poder cuidar a otros.

Y esa es, en esencia, la realidad de un líder: no puedes transformar una comunidad si no te cuidas. Por eso, tiene que ser un liderazgo que vaya más allá del deber y que toque el ser, para que ese deber se cumpla de manera genuina y no simplemente desde la obligación”, afirma.

Justamente, la salud mental es uno de esos puntos clave que señala Cock cuando habla sobre los grandes aprendizajes que han tenido en la fundación durante estos 20 años sobre las juventudes.

“Estamos muy cerca de una nueva pandemia en ese sentido, con el aumento de la ansiedad, la depresión y el burnout. Por eso entendimos que el trabajo interior es fundamental para lograr transformaciones externas”, cuenta, y para eso lo que han hecho es enseñar herramientas como la meditación, la reflexión y la retroalimentación efectiva.

“Otra cosa que hemos aprendido es a trabajar desde la capacidad y no desde la carencia. Muchas organizaciones se enfocan en lo que falta o en lo que está mal, y aunque eso es importante, en las comunidades hay un potencial infinito, especialmente en los jóvenes.

Están llenos de creatividad, de ganas, de imaginación. Identificar esas capacidades y canalizarlas hace toda la diferencia”, cuenta la presidenta y cofundadora de la organización, quien también menciona que entre esas enseñanzas está que los jóvenes son el presente y no el futuro, como comúnmente suele expresarse.

También que vale la pena seguir generando alianzas con diferentes sectores para ayudarlos a que salgan al mundo, a que lleven sus ideas por fuera del colegio y del barrio, ya que esa energía y capacidad de transformación debería seguir amplificándose por medio de distintas iniciativas como las que ellos han promovido y llevado a cabo en estos veinte años.

El rol de Juanes en la Fundación Mi Sangre

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